LATAM - Mayas Lacandones
Me despierto muy temprano, 4h30, me recogen en una hora. Me aseo y salgo con lo necesario. Hoy visitamos más ruinas mayas, esta vez haciendo frontera con Guatemala. Miro el GPS y marca 7h y pico de camino, no mames, espero que no esté tan lejos. Me escribe Eddie, viene él a por mi (habrá que conformarse, pienso) le pregunto si viene alguien con nosotros y la respuesta es afirmativa, menos mal.
Espero en la entrada del hotel, hace fresco, solo estamos el del mantenimiento de la piscina y yo, bueno y los pinches mosquitos, hoy estreno pulsera repelente del Decathlon a ver si funciona. Me peleo con ellos en lo que espero, hoy también llega 15 min tarde. La puntualidad mexicana es el truco del guía, te dicen que vienen a cierta hora porque presuponen que llegarás tarde.
"Hola Eddie, como estás?" "Bien mamita, ¿descansaste?" "Pues fijate que sí, el que no ha descansado mucho eres tú ¿verdad?" Parece que hoy está más hablador, más confiado, hasta la ropa que usa es casual en comparación con el uniforme de ayer. Salimos del camino empedrado del hotel que es bien cabrón y vamos a buscar a la pareja que nos acompaña. Son mexicanos, de Sonora, pero siendo la hora que es, es pronto para hacer las presentaciones pertinentes o hablar si quiera. Tenemos como 3h de camino (orale!) Porque allí tomamos un barco hasta la zona arqueológica. Pararemos a desayunar por el camino, aprox en 1h.
Por el camino vemos varias colonias, que a pesar de la hora que es, la gente (los pobres) ya andan despiertos. 'Se vende gasolina magna' 'Se vende Pozol con Cacao' en una vi hasta que se vendía ropa de Shein jajaja. Muchos restaurantes de carretera, tiendas de artesanía, talleres de motos, de carros; ranchos de vacas, con gallinas que andan sueltas, pavos. Eddie nos cuenta que atropellar un pavo te cuesta dos mil pesos y a un perro callejero cinco mil pesos. Aunque solo sea por agarrar dinero de algún lado, me alegra que se considere cuidarlos.
Paramos en una cabaña donde tenemos desayuno buffet: hay huevos revueltos con jamón, con chorizo, frijoles (obvio), tortillas, pan dulce, algo de fruta, cereales, arroz, salsas, jugos y cafés. Hay muchos perritos callejeros, desayuno, les hablo, los acaricio. Cuando voy al baño me encuentro con la mujer que viene con nosotros, le pregunto dónde queda Sonora, pues el acento me quiere decir que es colombiana pero la geografía que es del norte de México. Me confirma esto segundo y nos ponemos a placticar. Y en qué momento, pues me cuenta que cuando llegaron a Tuxla Gutiérrez les hicieron una extorsión: la agencia les ofrecía un hotel, quisieron ir a otro más cerca del aeropuerto, les van a recoger pero se los llevan a las afueras, un sitio oscuro... y empiezan algunas dudas. En recepción les hacen un registro manual (¿?) y les dan la habitación. Una vez allí a los 5 min llaman al marido en lo que ella está en el baño. La excusa, que era el gerente del hotel. El teléfono aparece correcto así que él responde a la videollamada. Le comentan que han encontrado una furgoneta de droga cerca y que están revisando habitaciones, empiezan a hacerle preguntas, incluso le muestra a un tipo al lado vestido como del cuartel de Jalisco, armado y todo. Entre preguntas le surge la brillante idea de decirles que no tiene batería que se le estaba apagando el celular y chau. Le informan en la agencia, están horrorizados (normal), les cuentan que apenas es una extorsión (apenas) la intención es seguir con las preguntas hasta el momento de la transacción. Buscan desesperadamente irse de allí y lo consiguen. Todo queda en un susto. Susto que ahora es compartido, gracias.
Esta historia me hace recordar que mi tour por Chiapas finaliza en Tuxtla (mierda,mierda,mierda) y que todavía no tengo armada esa parte. Esta noche me pongo.
Con el estómago lleno y anécdotas (por llamarlo de algún modo) compartidas, charlamos los cuatro por el camino. Los mexicanos son como los madrileños, igual que los segundos se pueden pasar horas hablando de calles, barrios y lugares de Madrid; los mexicanos todo el tiempo hablan de su país. Es normal sabiendo que tienen más de 280 dialectos, solo en Chiapas se hablan 8 lenguas maya, y con tantos estados con tan diferente cultura y tradiciones, ya que cambia hasta la vestimenta. Me hacen preguntas de si ya fui a no sé dónde y no sé cuánto, mi frase por excelencia en el viaje es "no da lugar ni por tiempo ni por dinero". Da igual lo que uno consiga visitar que siempre se va a quedar con lugares por ver.
Al lugar al que vamos, Yaxchilán, llegaron los carteles hace un año y el pueblo se levantó en armas. Por lo que es común verles todavía armados y escoltados por el ejército. Nos piden que no tomemos fotos. Donde vamos es pura selva, frontera con Guatemala separado por el río Usumacinta. Pararemos brevemente en el restaurante para escoger el plato principal del menú, y llegaremos al lugar donde tomaremos la barca. En el restaurante se suman dos muchachos de Michoacán, son jóvenes, apenas 25 años; más tarde descubro que uno de ellos es documentalista (anda, como nosotros fuimos una vez con Apple). La otra pareja trabaja para una empresa australiana de camarones, por lo que viajan mucho, de hecho, tienen el Jet Lag fresquito del continente oceánico.
Una vez en taquilla viene un guía llamado Julio a ofrecer sus servicios por 1200 pesos en una ruta de cuatro horas. Lo dejamos en 1000, dos cientos cada uno. Nos acompaña desde la barca y nos cuenta algunas características de aquella parte de la selva y de los mayas. El río es marrón, da impresión y respeto navegando apenas con esa barquita, pero hay que confiar, me digo. En la orilla, previo a embarcar, escuchamos del otro lado una algarabía de monos aulladores. Julio nos cuenta que una vez los vio cruzando a nado. Ojalá podamos ver alguno de cerca hoy. Una vez en la barca le pregunto a Julio por la fauna del río dando por hecho que hay cocodrilos. Confirmado. Éste le hace una seña al capitán simulando la boca de un cocodrilo con las manos, en advertencia de que se asome si ve alguno. Llegando allí no corremos esa suerte.
Hora de ponerse los repelentes y adentrarnos en la selva. Julio empieza a explicarnos el origen del nombre Yaxchilán, pues llegaron varios exploradores europeos que irían nominando a su antojo. Me entretengo viendo a una ardilla con cola de zorro. Un poco más adelante, vemos zarandearse unas ramas "son monos araña" dice Julio. Y llegamos a las primeras ruinas que atravesamos por dentro. Vamos con las linternas de los móviles explorando pasillos y sorteando murciélagos pequeños monisimos, un tipo de araña que no recuerdo el nombre pero bien patuda, y unas cucarachas de roca que parecen escarabajos. Del otro lado llegamos a la Gran Plaza donde hay restos de varios monumentos. El que hemos cruzado es el templo de meditación y de los guerreros construido por la Gran Cráneo, veremos altares, zonas residenciales y el Palacio del Gobernador. Nos cuenta que hay cuatro gobernadores principales, y también mujeres, como la señora antes mencionada. Me sigue fascinado la capacidad de las civilizaciones tan antiguas para dominar conocimientos como la astrología y las matemáticas, la forma de conectarlas en sus templos, de proyectar sus creencias en sus jeroglíficos trabajados en piedra y la unión con la naturaleza y los equinoccios. Gracias a Julio, aprendo que los mayas se aplastaban y deformaban la cabeza buscando parecerse al maíz, creencia del origen del hombre. Empezaron con barro, pero se deshace con lluvias; un palo, pero es algo inerte; y finalmente el maíz cuya semilla plantada da vida. Me va fascinando cada vez más comprender este mundo, aunque las teorías cambian un poco de una parte a otra, de los tipos de mayas que hablemos y de los guías y sus fuentes, claro.
En la última parte de la visita vemos una familia de monos arañas. El padre por un lado y la madre con su bebé. El tipo de Sonora lleva una cámara buenísima que capta a la perfección la bonita estampa familiar. Qué suerte. Vamos emprendiendo el regreso a la barquita, vemos dos monos araña más que parecen amigos o hermanos, sentados en las ramas observando el tiempo pasar.
A la vuelta los muchachos y la parejita hablan mucho, demasiado para mi gusto, la voz repipi de ella me molesta un poco. Ya tendremos tiempo de hablar en la comida, ahora disfruten del paisaje nomás! Me centro en la copa de los árboles en busca del mono aullador, en las orillas en busca del cocodrilo. Le hago una seña al capitán, que ya tiene simpatía conmigo (soy la única, junto con el guía, que le hacemos caso), de la boca de cocodrilo, niega con la cabeza, le hago pucheros. Y al rato ameniza la marcha y retrocede.. ¡qué ojo tienes capitán! Un cocodrilo barado en la orilla al que le revolotean un montón de mariposas naranjas. Con la cámara profesional del de Sonora lo observamos mejor (¡joder, quiero esas fotos!). Y casi llegando, diviso dos monos en la copa de un árbol, son negros, son aulladores. Me doy por satisfecha si no viera más, hasta que la pachamama nos regala permanecer al lado de unas ramas bajas del árbol mas próximo, varios monos aulladores comiendo. Más peludos y pequeños de lo que pensaba, tienen una cara muy graciosa y con los sonidos que perciben se nos quedan mirando hasta que vuelven a la gula. Hay como diez. Qué suerte, qué cerca hemos estado. Entre eso y que los mosquitos y yo hemos quedado empate 2-2 (me han picado casi dos veces, he aniquilado el mismo número), me voy muy contenta de esta excursión casi cuatro horas después. Pagamos a Julio, nos despedimos, y ya Eddie, llevános a comer por favor!
En la comida nos sentamos juntos, incluidos los muchachos que ya no quieren volver con el otro grupo, que son como ocho personas más. Llevamos coincidiendo todo el camino, aunque son de otra agencia.
De primero hay sopa muy sabrosa, de segundo he pedido pollo con mole almendrizado que es agridulce también muy rico (echo de menos el pan para mojar) y de postre pasta de yuca con mermelada. Tomo una cerveza que es de Guatemala y descubro que aquí hacen agua de frutas, la próxima pido. Pagamos solo por el plato fuerte y la bebida, además compro otro repelente a 50 pesos (la madre que parió a la comunidad maya del primer cenote Hubiku, 15 dolares pagué!!!) total 275 pesos.
Ponemos rumbo a Bonampak, pero sin los muchachos. Cuando llegamos nos dicen que tenemos que cambiar de carro para entrar a la zona arqueológica. Parece un coche de carreras tuneado. Se nos ofrece un guía pero son 700 pesos y pasamos, la zona es más pequeña, apenas una hora y es para explicarnos mejor unos frescos o pinturas del interior. Un poco de lo mismo. En el trayecto hablamos de la selva y de sus misterios. La pija comenta sus experiencias en la selva de Perú, que ya ha mencionado tres veces, y que vio unas luces y un duende. El conductor corrobora que la selva te da eso y más cuando te adentras. Nos cuenta cómo una de las ancianitas del poblado se perdió una vez con un niñito selva adentro una vez perdida la orientación. Estuvieron casi tres días buscándola, según nos cuenta la llamaban a gritos, pero las historias narran que responder ciertos sonidos trae mal augurio. Le pregunto sobre jaguares y pumas, y dice que lo normal es que le den la espalda al humano (y yo que quería historias de algún hombre devorado). El chico me cae realmente bien.
El sitio arqueológico de Bonampak es hermoso, mucho más pequeño y concentrado, son tres edificios y se puede subir. Un muchacho de un puesto de souvenirs nos sigue, descubrimos que es un muchacho despues, pues parece una niña. Los lacandones visten con túnica blanca sin flores si son varones y llevan pelo largo, de ahí la confusión. Allí conozco a una pareja del otro grupo que hablan inglés, son de Ámsterdam, han rentado un carro y han hecho un circuito circular, van camino Yucatan. Espero que sepan que se acerca huracán, demasiado confiados los veo.
De vuelta paramos en las cabañas turísticas de la colonia de lacandones, pues la pareja se queda una noche allí para al día siguiente hacer una ruta por la selva. Tienen pasta estos dos.
Otra vez Eddie y yo solos.
Oscurece pronto y además cae un buen chaparrón, pero Eddie se conoce bien el camino. Nos paramos al baño, a fumar un cigarro, y seguimos. Llego cerca de las 22h al hotel, le dejo 20 dólares de propina. Hasta siempre Eddie, al final te has hecho mi amigo.
He dormido algo en el coche así que estoy despierta, tengo que centrarme en las reservas después del tour de Chiapas. Comparo hoteles, hostales, tours, viajes en bus, en avión, vuelvo a comparar, excursiones... Finalmente me voy de Tuxla a Oaxaca en bus nocturno (no sin asegurarme antes que el transporte me va a dejar allí aunque sea cinco horas antes, van a extorsionar a su puta madre), en Oaxaca ciudad estoy 3 días y he reservado un free tour y dos días de excursión a parajes naturales y pueblos cercanos, con degustación de mezcal y talleres de artesanía. De ahí me voy a Puerto Escondido a tocarme el papo en la playa dos días y a Puebla en otro bus nocturno. Ya solo me falta la parte de CDMX.
Estoy agotada.
Oscurece pronto y además cae un buen chaparrón, pero Eddie se conoce bien el camino. Nos paramos al baño, a fumar un cigarro, y seguimos. Llego cerca de las 22h al hotel, le dejo 20 dólares de propina. Hasta siempre Eddie, al final te has hecho mi amigo.
He dormido algo en el coche así que estoy despierta, tengo que centrarme en las reservas después del tour de Chiapas. Comparo hoteles, hostales, tours, viajes en bus, en avión, vuelvo a comparar, excursiones... Finalmente me voy de Tuxla a Oaxaca en bus nocturno (no sin asegurarme antes que el transporte me va a dejar allí aunque sea cinco horas antes, van a extorsionar a su puta madre), en Oaxaca ciudad estoy 3 días y he reservado un free tour y dos días de excursión a parajes naturales y pueblos cercanos, con degustación de mezcal y talleres de artesanía. De ahí me voy a Puerto Escondido a tocarme el papo en la playa dos días y a Puebla en otro bus nocturno. Ya solo me falta la parte de CDMX.
Estoy agotada.
Comentarios
Publicar un comentario