LATAM - Soumaya y la Sustancia
Bajo a desayunar al café cerca del depa donde ya me conocen. No es barato, pero he ido probando platos y están ricos. El café con leche es grande y sabroso. Hago tiempo hasta encontrarme con David que viene sobre las 10.
Hoy viene decidido, nada mas subirme me propone ir al museo Soumaya, acepto con gusto. Me habla de Carlos Slim, ingeniero mexicano, el decimonoveno hombre más rico del mundo (unos tanto y otros tan poco). El museo expone una amplia colección suya de arte americano y europeo. Soumaya es el nombre de su esposa fallecida.
Hay un tráfico terrible, y tardamos casi 1h en llegar. Dejamos el coche en el parking y entramos. El edificio es muy llamativo, como si se observara el púlpito de un barco desde la parte frontal inferior, todo revestido de posavasos hexagonales de aluminio que reflejan el exterior. En la entrada hay una escultura de Rodin, el Pensador (obvio), ya que el museo cuenta con la mayor colección del artista fuera de Francia. Es gratis, bien por Carlos, y nada más pasar el control de seguridad, en la entrada destacan réplicas de esculturas clásicas como el Cristo Velado, la Victoria de Samotracia, la Piedad, el David o la Puerta del Infierno.
El ascenso es circular, es decir, se va subiendo por rampas laterales (me sorprende y agrada un cartel que comunica la posibilidad de que trabajadores del lugar ayuden a quien quiera que necesite un empujón para subirlas). En el momento no lo sabíamos, pero fueron cuatro las horas que tardamos en ver el lugar. Hay varias salas, a simple vista no parece que tengan un orden, además, hay esculturas, cuadros y objetos por todas partes, parece un laberinto que haya que saltear. La primera colección que vemos es de cacharros antiguos, fonógrafos, teléfonos, cámaras... de todo. Conforme vamos subiendo aparecen las primeras printuras y esculturas, sin orden cronológico si no temático. David y yo nos preguntamos qué obras son originales y cuáles son réplicas, pues hay una gran mezcla de todo. Seguimos recorridos distintos, uno suele parar en obras que le llaman más la atención y pasar de largo en otras menos redundantes (en mi caso temas religiosos y de ángeles) pero harían falta días y años para observar con determinación los detalles de cada obra, las pinceladas, los secretos detrás de los autorretratos, sombras, reflejos. Una maravilla que disfruto bastante, aunque pasadas las tres horas se va notando la aceleración y deseo de concluir.
Miro a David entre las cientos de cabezas y esculturas de la última planta, la de Rodin, ya exhaustos y con el desorden de mirar a todos lados sabiendo que tomar una dirección implica retroceder en algún punto para mirar lo que se descartó en primera instancia, y ponemos fin a tanto arte. Es hora del arte gastronómico.
David me pregunta qué antojo tengo (antojitos!) y con el día de lluvia que tenemos la respuesta es clara: pozole. Busca un lugar cercano, es una franquicia en la que oficinistas de la zona suelen caer a comer porque es un lugar que te atienden con rapidez. Llegas, hay cola, anotan tu nombre, esperas. Te llaman, entras, te sientan, tienes la carta y un comando de botones para llamar al mesero en cualquier momento, pero no hace falta, se acerca uno, luego el otro. Te toman la bebida y te la sirven rápido, la comida igual. El pozole está riquísimo, David me agradece la opción escogida además de otros antojitos que picoteamos hasta la saciedad. Nos reímos mucho porque intenta comer más rápido que yo y casi consigue que se le salga el pozole por la nariz. David y esa necesidad de ser machote jajaja. Me invita, claro, y nos vamos.
El plan ahora es ir a la Condesa, zona de bares. Él tuvo un local a medias con otro socio en esa área, pero se retiró a tiempo. Decidimos tomar un café y una cerveza en uno con billar. Mala elección David, te voy a fulminar. Las normas mexicanas son distintas: hay lisas y rayadas, pero no existen dos tiros en la partida. Y si metes la blanca, sacas bola del agujero y vuelve a la partida. Me adapto a estas normas, que hasta David titubea en alguna ocasión de que sean verídicas. Da igual, le gano no una si no dos veces, y le pico cual princesita que es. Nos lo hemos pasado genial incluso apurando el tiempo, debe dejarme y cruzar la ciudad para asistir a sus clases. Gracias David por esta amistad y la transparencia de poder ser una misma.
Me deja en el depa y me voy de cabeza a la cineteca. Hoy me decido por La Sustancia y salgo loca con el peliculón que acabo de ver. Lo-ca. A ver cómo duermo ahora.
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